Lesiones en el atletismo

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Actualmente, son bien sabidos los beneficios de la práctica habitual de ejercicio físico como el factor principal a favor de una mayor esperanza y calidad de vida, así como en la prevención de enfermedades crónico-degenerativas, lesiones músculo-esqueléticas, dependencia y discapacidad física, los cuales tienen un alto impacto tanto en el individuo como en la salud pública.

Tanto en las personas que no padecen enfermedades cardiovasculares como en aquellos que han padecido accidentes cerebrovasculares, se ha comprobado que el ejercicio físico aumenta la longevidad al mejorar la función cardiorrespiratoria y disminuir el requerimiento miocárdico de oxígeno.

De igual manera, se han observado mejoras en el perfil de lípidos al aumentar los niveles séricos de colesterol HDL y disminuir los de triglicéridos, entre otros incontables beneficios.

 

ESTAMOS HECHOS PARA CORRER

El atletismo es uno de los deportes olímpicos más populares y está presente desde los primeros juegos olímpicos de la antigüedad. Esta disciplina comprende cuatro áreas principales: pista, campo, carrera y combinados. Entre las actividades de pista se encuentran las carreras de velocidad de 100, 200 y 400 metros, carreras de media distancia de 800 y 1,500 metros y larga distancia de 5,000 y 10,000 metros, así como la carrera con vallas y obstáculos. Dentro de las actividades de carrera encontramos la maratón, carrera de 20 y 50 km para hombres y de 10 km para mujeres.

 

De acuerdo a estadísticas realizadas en diferentes grupos poblacionales (4), el atletismo presenta una de las tasas de lesiones más bajas, con una incidencia promedio del 0.8% (5). La mayoría de éstas de tipo leve (65% de éstas son contusiones, esguinces) y con una incidencia ligeramente mayor en las mujeres. Dentro de los corredores son frecuentes las lesiones por sobreuso, tales como la tendinitis y fracturas por estrés. La región más afectada es la extremidad inferior, especialmente la rodilla. Entre ellas podemos citar el síndrome patelofemoral, también conocido como “rodilla del corredor”, el síndrome de fricción de la banda iliotibial, y el síndrome por estrés tibial. En menor medida, más no menor importancia, encontramos también lesiones del pie, siento las más comunes la esguince de los ligamentos laterales del tobillo, síndrome compartamental de la tibia, fascitis plantar y la tendinitis Aquileana. Otras lesiones de mayor severidad asociadas a la práctica del atletismo de fondo son la deshidratación, hiponatremia, golpe de calor y muerte súbita.

 

En el caso de los adultos mayores, la mayoría de las lesiones ocurren en espalda y miembros pélvicos. En el primer caso, las lesiones discales y lumbares comprenden el mayor porcentaje de las lesiones. En lo referente a la extremidad inferior, las lesiones óseas más severas con las fracturas por sobrecarga del cuello del fémur, diáfisis y meseta tibial, calcáneo y metatarsos; mientras que a nivel muscular se presentan principalmente distensiones y desgarros musculares en cuadríceps, isquiotibiales y glúteos.

La constante carga observada durante la carrera puede ocasionar también  lesiones por tensión en la cintilla iliotibial, tendón rotuliano, tibial posterior, aquileano, así como bursitis en rodilla.

 

LA MEJOR FORMA DE EVITAR LESIONES

La distancia e intensidad del entrenamiento de carrera guarda una correlación positiva casi lineal respecto a la incidencia de las lesiones derivadas de su práctica. Por ejemplo, la incidencia de lesiones comienza a aumentar ligeramente a partir de entrenamientos cuyo volumen sea mayor a 32 Km por semana, presentándose un aumento aún mayor a partir de los 64 Km por semana (7). La experiencia, nivel de entrenamiento y presencia de lesiones previas también desempeñan un papel importante como factores de riesgo, siendo menor si éste se ha desempeñado en ésta disciplina al menor durante los últimos tres años, pero en incremento si el corredor aumentó el nivel de intensidad del entrenamiento o presentó previamente una lesión derivada de la carrera.

Sin embargo, aún existen algunos factores que no han demostrado una relación directa con las presencia de lesiones en corredores. Entre algunos de ellos derivados de las características físicas individuales encontramos las hiperflexibilidad y las alteraciones de alineación femorotibial; observándose algunos factores también derivados de las características del entrenamiento tales como los estiramientos previos; y del equipo deportivo y factores externos, siendo los más relevantes el calzado y la dureza de la superficie de impacto.

 

UN CALZADO ADECUADO: SIEMPRE UNA PRIORIDAD

Dentro de las medidas más importantes para la prevención de lesiones en las extremidades inferiores durante el atletismo, encontramos la elección del calzado deportivo adecuado. Este debe ser siempre cómodo, proteger completamente el pie y tobillo, contar con una suela ligera, con la parte del antepie ligera y flexible, capacidad para absorber los choques en el talón, un contrafuerte estable para evitar esguinces y contrarrestar las fuerzas de torsión, así como un diseño de la suela que ofrezca la tracción necesaria para las distintas superficies de carrera. Recuerde que en muchos casos elegir un calzado por atractivo, resulta en un pie adolorido.

 

¿CUÁNDO ES NECESARIA LA INTERVENCIÓN MÉDICA ESPECIALIZADA?

En algunos casos, será necesario indicarle al corredor la suspensión completa de ésta actividad física con el fin de evitar complicaciones mayores. Sin embargo, el criterio médico y las Guías para la Modificación de la Actividad Relativa nos permiten indicar en forma segura el ejercicio en pacientes con dolor menor a 3/10 en la escala subjetiva de dolor, ausencia de alteraciones en el patrón del trote y disminución álgica con la progresión de la actividad física.

 

La información aquí presentada no sustituye ni pretende sustituir en forma alguna la atención otorgada por un profesional de la salud. En caso de sufrir algún síntoma o malestar relacionado, acuda a la brevedad con su médico especialista para el diagnóstico y tratamiento oportuno de su padecimiento.

 

FUENTES CIENTÍFICAS CONSULTADAS:

  • Fitzgerald RH, Kayfer H. (2004). Ortopedia. Tomo I. Ed. Panamericana, España.
  • Renströn PAFH. (1994). Clinical practice of sport injuries. Prevention and care. Vol V. En: The encyclopaedia of sports medicine and IOC Medical Comission publication. International Olympic Comitee. Oxford: Blackwell Scientific publications.
  • Zemper ED. (2005). Track and field injuries. Med Sport Sci.; 48: 138-51. EE.UU. DOI: 10.1159/000084287.
  • M de Loes. (1995). Epidemiology of Sports Injuries in the Swiss Organization “Youth and Sports” 1987-1989 – Injuries, Exposure and Risks of Main Diagnoses. Int J Sports Med; 16(2): 134-138. DOI: 10.1055/s-2007-972980.
  • Larkowski ER. (1995). Medical coverage for multievent sports competition. Mayo Clin Proc 70, 549-55.
  • Sherry E, Wilson S. (2002). Oxford Handbook of Sports Medicine. Oxford University Press, UK.
  • O´Connor, F. (2005). Sports Medicine, Just the Facts, 1st Ed. McGraw Hill. EE.UU.

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